Caminando hoy por Loja, bajo la lluvia, veo a una madre con dos niños pequeños, uno de ellos bebé, sentada en la vereda pidiendo caridad. Diez metros más adelante encuentro varios carteles de varios candidatos colgados de los balcones.
Y como siempre me faltó un tornillo, me di la vuelta y le pregunté a la mujer a quién votará. Me contestó muy amablemente que no tiene la cabeza para pensar a quién votar, solo piensa en darle de comer a sus hijos. Que iría a votar para no pagar la multa metiendo la papeleta en blanco y se iría rápido con su certificado de votación.
No voy a decir si esa actitud es buena o mala, o si los políticos se preocupan o no por estas personas. Diré lo terrible que es sentirse tan desamparado que pienses que no le importas a nadie. Ver campañas electorales, ver gente pasando por delante de ti y no existes para ellos.
Cuando alguien tiene hambre se come hasta sus propios principios. No le hables de valores democráticos, no se pueden comer. En una sociedad con pobreza no existe la dignidad, sin dignidad no existe paz y sin paz no existe la democracia.
Intentemos ver más allá de votar a este o aquel. Paremos un segundo en nuestro camino vital y observemos lo que nos rodea. Encontraremos mil y una cosas en las que podríamos ayudar, en las que aportar nuestro pequeño granito de arena, salgamos por un segundo de nuestra zona de confort y veremos qué, en realidad, la zona de confort está fuera, y donde vivimos normalmente es una zona de protección, de miedo al exterior.
Victoriano Suárez Álvarez
victorianobenigno@gmail.com