Presidente

Vamos a elegir a un nuevo presidente, ¿qué esperamos de este mandatario? Creo que muy poco. Un pesimista es un realista bien informado, pero creo que no habrá muchos cambios por lo siguiente: a nivel internacional no somos soberanos, las decisiones macroeconómicas están sometidas a las políticas del FMI, Banco Mundial y la Organización Internacional del Comercio, que según R. Peet son la «maldita trinidad», incluidas las empresas transnacionales, quienes cuentan con la supersoberanía del dinero. A nivel nacional, el presidente está atado a un sistema administrativo obsoleto: centralismo exacerbado, superposición de las funciones del Estado y falta de articulación de las instituciones del sector público en cada uno de los territorios locales; incluida la injerencia de 200 grupos de poder económico. En conclusión, al presidente lo recibimos con vítores, pero después de cumplir su periodo lo abuchearemos por embustero; repitiéndose el círculo vicioso una y otra vez. ¿Qué hacemos? Creo que el fondo de ojo de todo está en otra parte: «Torturar a otro para que no torture, matar a alguien para que no mate más, enseñar al sectario a enseñar sin dogma, todo eso solamente puede hacerse desde fuera de esos sistemas, como lo formuló la paradoja de Gödel. Pero esos sistemas somos nosotros, y quizá la labor de la escuela debería consistir, además de enseñar matemáticas, en ayudar a conocerse a sí mismos y luego en ponerse a rezar» (C. Díaz). El trabajo sociopolítico que nos espera para combatir el desorden establecido consiste en empezar por acoger las falencias propias y ajenas para transformarlas en «poder espiritual afectivo», y en la mejora afectiva de las gentes con «conciencia transitiva crítica» tal como lo dijo Paulo Freire.  

Jorge Benítez

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