La semana anterior en Ecuador circuló el video del reclamo desproporcionado de un periodista a un técnico el audio. El episodio fue calificado desde varias perspectivas y es una oportunidad para traer al debate público el tema del trabajo en la transición hacia la cibercomunicación.
Es necesario proteger a las personas involucradas en el periodismo, más allá de quienes aparecen en las imágenes, para ponderar el justo reconocimiento por las tareas que realizan en un contexto de multidisciplinariedad y nuevos procesos en la cadena de generación de contenidos audiovisuales.
En el país se escucha la desproporción entre los salarios de los presentadores de televisión y de los operarios de cámaras, por ejemplo, aún con las correspondientes consideraciones de especialidad, horas de desempeño, responsabilidad y más variables, a lo que se agrega el hecho que las tecnologías de comunicación propician cargas en las funciones de los involucrados.
Es evidente que los canales en línea, la viralización, los influencers y más opciones de contenidos ofrecen variedad y exigen que los canales generalistas incrementen sus producciones, busquen originalidad o adquieran franquicias, pero parece que lo hacen aprovechando al máximo los recursos humanos. Igual sucede en el mundo de los YouTubers, una persona debe cumplir varias funciones para lograr un resultado competitivo.
El ecosistema digital está sustentado en miles de manos creativas que laboran en economías de escala para lograr rendimientos positivos, no sería un espacio para pequeñas iniciativas o estaciones nacionales sino para grandes jugadores, las compañías transnacionales ganan gracias a millones de reproducciones y a la inversión en publicidad.
Desde la perspectiva señalada queda reconocer adecuadamente los roles, salarios equitativos y trabajo en equipo para no perder identidad en el mundo digital.
Abel Suing
abelsuing@gmail.com