Las últimas elecciones generales, con un ajustado 52,36%, la tendencia de “cambio y oportunidades” se impuso al ya conocido modelo progresista. Y aunque lo quisieron posicionar como un contundente triunfo político, el resultado decía lo contrario, el país se dividió 50/50 entre estas dos tendencias.
Así mismo, los sondeos de opinión que en primer momento lo ubicaron con un 77% de popularidad, la realidad no tardo en comprobar lo que nunca fue.
Hoy constatamos el evidente desgaste que existe al gobernar, y a diferencia de lo que se pretende, la exposición mediática del presidente es cada vez más adversa para sus fines, pues con cada intervención, las redes estallan en mofa, burla y reproche casi siempre con motivación.
Probablemente ese es el resultado de la improvisación, de la falta de planificación y claro de una mala elección. De la práctica queda demostrado que para algunos políticos las campañas son el espacio para cualquier cosa, la demagogia, la payasada, la mentira descarada etc., y no un espacio de debate y análisis político-social tan necesario.
Talvez eso explica lo que hoy tenemos como gobierno. Pedimos una política seria y correcta, pero consumimos populismo; y hay que ser consecuentes, porque el efecto inmediato es encontrarnos con realidades como la que hoy vivimos.
Esto podría ser la vara de medición para una correcta elección. Y a tres meses del sufragio, el escenario nos converge a pensar obligatoriamente en política, y en lo local se hace lo propio. Mantenemos una amalgama de candidatos, ubicados a lo largo del espectro ideológico, pero la tendencia siempre tira a los dos extremos derecha vigente en el poder y el progresismo contundente en la oposición.
Ya conocemos las dos formas de gobernar, ahora tenemos que elegir bien.
Jorge Ochoa Astudillo
socjorgeochoaa@gmail.com