Para cierta lombriz, un plato de espaguetis es una orgía

Seguro que cuando Galeano hablaba de esa lombriz, se refería a una cuica prejuiciosa que antes de interpretar el mundo desde una tripa, y de semejante manera, debería darse tiempo para vaciar su mente de miedos y obsesiones que la atormentan.

La razón humana no es tan perfecta, tiene una que otra cuarteadura estructural, que ha abierto grietas por donde se cuela el error, la mentira, el desamor. El prejuicio implica actitudes hostiles y suspicaces hacia las personas que se emiten a la ligera mediante juicios o críticas, sin los suficientes elementos en qué fundamentarse, y que promueven ideas dañinas acerca de hechos o personas. Cuando hablamos sin pensar en lo que hablamos, hablamos disparates, ¡así de simple! Porque nos precipitamos a juzgar emitiendo juicios temerarios, acerca de lo que no conocemos o lo conocemos mal. Los prejuicios son esas creaciones abortivas del cerebro humano, fruto del desconocimiento, de lo que suponemos y lo damos, por cierto, sin estar bien enterados.

Miedo e ignorancia son factores importantes a la hora de crear los prejuicios.  Por miedo e ignorancia rechazamos a las personas, que creemos que nos amenazan. Y al final, impedidos de realizar cualquier cambio nos quedamos perplejos ante el monstruo que inventamos nosotros y ahora nos persigue.

Evolucionar mentalmente es dejar de ser como esa cuica insolente y prejuiciosa  que interpreta el mundo a su aire y desde la tripa delgada donde vive, es despojarnos de prejuicios que nos limitan la bondad, la ternura y la apertura hacia los demás. Y principalmente es reconocer que cada persona es por sí misma digna de la máxima consideración y respeto.

Zoila Isabel Loyola Román

ziloyola@utpl.edu.ec

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