Le bastaron apenas cinco años para dejar una huella indeleble. Su obra, tan extraordinaria como tangible, lo avala, y hoy es parte esencial en la historia del cantón Espíndola. El 26 de febrero de 2020, el padre Ángel Ocaña Silva asumió como párroco de la Parroquia Eclesiástica San Bartolomé Apóstol de Amaluza. El pasado domingo 20 de julio, ofreció su última homilía, rodeado de la nostalgia de un pueblo entero que colmó el templo para despedir a su pastor.
Desde su llegada a Amaluza, el padre Ángel no perdió tiempo. De inmediato emprendió un ordenamiento integral de muchos aspectos pastorales y materiales. Uno de sus primeros objetivos fue la Iglesia Matriz, que encontró en deplorables condiciones físicas. Con el respaldo de la comunidad, logró transformarla, respetando siempre su arquitectura original. Hoy, el templo no solo inspira devoción, sino también admiración.
A la par, impulsó la readecuación del convento parroquial; el Cimborio del Señor de Limpias, en el barrio La Playa; y la construcción -actualmente en un 80%- del Santuario en honor a la Virgen del Cisne, en la ciudadela Municipal. Su huella también quedó en numerosos barrios de la jurisdicción, donde se concretaron diversas obras.
En el ámbito espiritual, el padre Ángel desplegó una labor inconmensurable. Su acción evangelizadora fue constante y transformadora: devolvió la fe y la esperanza a muchos corazones. A través de grupos misioneros, llevó consuelo, solidaridad y acciones sociales a numerosas familias desamparadas. Por eso, tenemos la convicción de que su sucesor sabrá continuar con la misma mística, entrega y visión de servicio.
Padre Ángel, ¡buen viento y buena mar!
Sybel Ontaneda Andrade
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