La música constituye una perfecta amalgama de sentimientos que bullen del alma, para converger en versos, trazos o movimientos, logrando que nuestra piel vibre, al presentir como un susurro de vida que armoniza con el tiempo, lisonjea la pureza de las almas nobles; y aunque se presiente que la historia musical ha relegado en cierto sentido a las mujeres, si citamos a los grandes compositores de todos los tiempos, lo primero que nace de nuestro ser es hablar de Beethoven, Mozart, Bach, pese a que varios historiadores hagan una pequeña mención en sus escritos sobre compositoras escondidas, valiosas mujeres que quizá no contaron con las mismas oportunidades, o se les cerraron las puertas porque –lo primordial era atender su hogar–. Así por ejemplo de Marianne Mozart compositora brillante, que inspiró a su hermano Wolfang Amadeus, creando obras para que él las tocara, no se habla mucho. Al igual que Hildelgarda de Bingen, una monja alemana de la edad media, que escribió obras completas para su convento; o Francesca Caccini quien fuera la primera mujer italiana en escribir una ópera tan exitosa, de la cual se dijo que probablemente su obra le pertenecía a su padre; y qué decir de la pianista y compositora Clara Schumman una alemana ubicada en el romanticismo, que gracias al apoyo de su esposo, llegó a ser probablemente la más reconocida de las féminas, cuyo trabajo de creaciones, ha sido relegado por algunos sectores de la academia al lugar de la curiosidad o el simple entretenimiento.
Siendo ejemplo de constancia y sacrificio contamos con destacadas artistas inigualables, compositoras, educadoras, directoras orquestales, musicólogas, gestoras culturales, en todo el planeta, que añaden a su arte, ese toque de feminidad que faltaba; así han logrado sortear una serie de obstáculos, ganándose su justo lugar, con la tenacidad y el esfuerzo de su lucha por la libertad.
Lucía Margarita Figueroa Robles
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