¡Me vacuné!

¡Qué suerte la mía! Como ya pasé los 65 años y ahora pertenezco al grupo de los “mimados”, no dije “aniñados” del presidente Moreno, y luego de una lenta espera porque en este Gobierno todo es lento, al fin recibí el mensaje de la CNT invitándome a recibir la primera dosis de la vacuna contra el virulento patógeno que está acabando con medio mundo.

Asistí puntualmente al polideportivo de la UTPL, porque vacunarse en Loja donde hay un solo puesto de atención con un aproximado de 400 personas diarias y con miles de ciudadanos de la tercera edad en espera, resulta una especie de suerte en un país que sigue a la cola de la vacunación en Sudamérica. Y que al paso que vamos de 1560 vacunas diarias, Ecuador tardaría en vacunar al 70% de su población 12 años, según expertos.

Vacunarse donde ni el Ministro de Salud conoce cuántas dosis de vacunas hay en el Ecuador para hacer una planificación. Ha tenido que reprender a sus nuevos coordinadores zonales, y con un disimulado “carajo” ponerlos a trabajar con responsabilidad, a fin de responder al reclamo ciudadano. Vacunarse en una ciudad como Loja, ubicada en el cuarto puesto de contagios y sexto a nivel provincial provocados por un descontrolado coronavirus que ha resucitado el toque de queda y nos pone cuesta arriba. Vacunarse en estas y otras condiciones, es un homenaje a la paciencia de los lojanos, es un triunfo para los que queremos vivir “un poquito más”.

Les cuento que luego de la fuerte “sermoneada” del Ministro, la organización de la vacunación en Loja ha cambiado. Se nota actitud, rectitud, agilidad, con el apoyo del Ejército y una atención amable. Lo que sí hace falta son más vacunas y puntos de vacunación, que implique mayor celeridad, porque “la mejor vacuna es la que se pone rápidamente”.

Adolfo Coronel Illescas

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