Los sentidos disputados

Aceptar la realidad acríticamente puede dejarnos en los desiertos de la incertidumbre sin los sueños pintados por extraños. A la coyuntura hay que leerla viendo hacia atrás, pero sin dejar de advertir lo que se tiene por delante.

Para la historia no es secreto lo plutocrático, el Estado al servicio de las élites. Tampoco es ajena la lectura en la historia de lo vencido y lo subalterno que apuesta por una mirada desde abajo. Todo eso confirma la regla básica de la concepción de la política: siempre hay contradicción, del conflicto se desarrollan las fuerzas, la pluralidad es contingente. 

La política también es una disputa de sentidos. Hoy, en el nuevo gobierno estarán los impolutos hombres de empresa –he dicho solo hombres, a propósito-, quienes siempre criticaron lo público y denostaron de lo popular. Ahora ellos, van a administrar con la sapiencia de la ganancia infinita las arcas de lo común.

Las formas de ejercicio de gobierno están guiadas por un sistema de valores coherente a una matriz ideológica. Las élites generalmente asumen una posición de superioridad moral, de corrección política, y de ahí que también sus formas sean las de la ‘alta cultura’, el elitismo consagrado, el segregacionismo: ahí se tiene valor en cuanto es generador de riqueza, mientras tanto no. Todas ellas son formas de violencia simbólica que se reproducen inconscientemente y que perpetúan un clasismo abominable, injusto.

Decía, hay que mirar hacia adelante por la coyuntura, pero sin omitir lo que viene desde lejos de la historia, desde atrás, como una sombra.

Pablo Vivanco Ordoñez

pablojvivanco@gmail.com

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