
Ha concluido el Festival Internacional de Artes Vivas cuya octava edición mejoró en comparación con la anterior 2022. Sin decir que todo estuvo bien, pero tampoco mal, si hubo exceso de eventos, 420 en total, en un circuito cultural pequeño que nos lleva a la conclusión de que no es la cantidad la que da el éxito, sino la calidad. Seguidores del festival están contentos, pero no satisfechos.
Ahora conviene no quedarnos con esta apreciación del turista y ciudadano en general. Debe aprovecharse para que los organizadores, Municipio de Loja y Ministerio de Cultura, realicen una evaluación inmediata del festival y tengan sus integrantes la oportunidad de escuchar criterios, opiniones y recomendaciones sobre lo que sobró y faltó, por ejemplo: el arte de hacer reír, de arrancar una sonrisa, de que aparezca en el evento anual la alegría. Y una Feria Nacional del Libro, que justifique lo que somos, un referente de la cultura nacional.
Al margen de estas ideas que no prescriben, el tema que nos convoca es recomendable porque se trata de los anónimos del festival. De aquella gente que tras bambalinas cumple una gestión más que importante, preparando escenarios para teatro, danza, música, títeres, opera, cine y exposiciones plásticas, con responsabilidad y capacidad. Destacándose aquellos anónimos del teatro Benjamín Carrión Mora, donde se presentaron los mejores elencos nacionales y extranjeros, para ofrecernos una experiencia apegada a las nuevas tendencias culturales de un festival.
Si el valor del evento lo dan los participantes, es momento de expresar la gratitud lojana a los elencos, artistas y delegaciones culturales locales, nacionales y extranjeras, incluidos los anónimos del VIII Festival Internacional de Artes Vivas Loja 2023, en espera de que esta fiesta de regocijo público sea mejor el próximo año.
Adolfo Coronel Illescas