La música en el alma de los lojanos

Noviembre es un mes festivo en el “último rincón del mundo” en el que además de evocar la lucha independentista, celebramos 10 años del Festival Internacional de Artes Vivas como referente cultural en el país. Pero así mismo el calendario señaló una celebración simbólica que exalta una de las expresiones artísticas más emotivas y placenteras, recordamos el Día de la Música como memoria colectiva que respira, vibra y se renueva. Y en este terruño que no necesita proclamarse para ser —porque lleva la música en su pulso cotidiano— esa memoria encontró nuevos balcones, nuevas voces, nuevos motivos para recordarnos quiénes somos.

Las fiestas de Loja y el FIAVL 2025 convirtieron a la ciudad en una gran caja de resonancia. Desde los teatros hasta las plazas, desde las calles empedradas hasta los balcones coloniales que se abrieron como antiguas partituras, la música volvió a ser puente que une lo que a veces la prisa o la distancia separan. La propuesta “El Balcón Lojano”, nos recordó que la belleza siempre encuentra un resquicio por donde asomarse. Allí, donde los artistas locales, formados inclusive en otras latitudes, pero con el corazón anclado a estas montañas, ofrecieron su talento de manera íntima y generosa, proclamándose una vez más como Capital Musical del Ecuador.

La música que brotó desde el Museo, desde La Casona, desde cada esquina vibrante, no fue solo espectáculo: fue identidad. Fue un llamado a mirarnos y reconocernos. A escuchar lo nuestro antes de buscar afuera lo que aquí florece con fuerza propia. A consumir el arte que nace de nuestras manos, de nuestras voces, de nuestra gente. Porque apoyar a nuestros músicos no es un gesto de cortesía; es un acto de afirmación, casi de supervivencia cultural.

La unidad también se canta; la esperanza también se afina; el futuro se puede construir si aprendemos a celebrar nuestras raíces sin miedo a abrirnos al mundo. Que sigamos escuchándonos desde los balcones, las calles, los teatros, para que esta ciudad continúe siendo melodía, abrazo y promesa.

Lucía M. Figueroa Robles

luma.figueroaro@gmail.com

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