Defensa de la locura

Los gobernantes y los grandes personajes están obligados a portar siempre una máscara de sensatez y de inteligencia. Cada discurso debe ser cuidadosamente calibrado para que parezca el mensaje de un oráculo inapelable. Cada gesto debe demostrar la firmeza y la seguridad que solo surgen de una mente educada. Cada mirada, en fin, debe ser la expresión viva de un talento extraordinario. Por desgracia, entre las aspiraciones y la realidad se alza un inmenso abismo. Por eso con frecuencia sorprendemos en las altas esferas tanto expresiones infantiles como rasgos y actitudes que denotan una tontería refinada por largos años de ejercicio. En algunas ocasiones pareciera que el arte de ser un tonto practicante y profesional se ha elevado a expresiones sublimes. Las redes sociales y los medios de comunicación son los testigos resignados de las expresiones frecuentes de esta nueva dimensión artística. Me imagino que en el futuro se crearán museos destinados a preservar, para deleite de la posteridad, los dichos y los hechos que hayan alcanzado la mayor profundidad en el pozo común de la bobería.

La locura es otra cosa. La locura es la fuerza creadora que se opone tenazmente a la mediocridad y al servilismo que, al fin y al cabo, son solo otros nombres para la tontería. Don Quijote da una lección inolvidable sobre la utilidad de la locura para el género humano. Transitando por uno de sus capítulos se encuentra con un religioso que se cree con derecho a censurar los ideales quijotescos. El caballero de la triste figura soporta con tranquilidad los insultos del dómine y le responde con una sobriedad y un tino que son el producto de una demencia cultivada. Dice el peregrino de La Mancha: “unos van por el ancho campo de la ambición soberbia, otros, por el de la adulación servil y baja; otros, por el de la hipocresía engañosa” y concluye: “pero yo, inclinado de mi estrella, voy por la angosta senda de la caballería andante, por cuyo ejercicio desprecio la hacienda; pero no la honra”. Sería ocioso, y desde luego tonto, agregar palabras a lo perfecto.

Carlos García Torres

cegarcia65@gmail.com

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