La derrota de las palabras

De las innumerables conquistas que nos dejara la Grecia primitiva, la palabra ha sido el pico más alto jamás alcanzado y jamás superado. Sin ella no hay mundo posible, porque desde ella es que se construyen los conceptos, se transforman las ideas, se nombran las cosas, y se piensa la existencia.

Para los griegos, la palabra era el ‘mythos’, a través del cual la naturaleza viva se comunicaba. Los que podían comprender el lenguaje divinizado de la naturaleza expresado en el ‘mythos’ eran únicamente los poetas, los vates, los aedos. El pasado, sobre todo el pasado, era el que se les comunicaba a sus oídos humanos. 

El triunfo de la razón impulsada por los pensadores del Siglo de las Luces, en cambio, ya no creían en la palabra como vehículo de la única verdad, porque esta última estaba contenida en la racionalidad científica que era capaz de idear nuevas formas de producción, de desarrollo, y un nuevo rumbo de la historia, hecha por los seres humanos, y ya no por los poderes metafísicos.

Fue Karl Kraus quien con su prosa como puñal iba rompiendo el lienzo de lo perfecto. Se atrevió a declarar el divorcio definitivo de las palabras con el mundo. Afirmaba que “los acontecimientos ya ni siquiera acontecen. Son los clichés, la fraseología la que trabaja por su cuenta”.

Para los miembros de la Escuela de Frankfort, en cambio, las palabras fueron vaciadas de contenido, convertidas en mero artificio del lenguaje, es decir, perdieron la capacidad de comunicar lo que significaban.

La crisis de hoy también es una crisis de las palabras porque ya no alcanzan para superar la paralización y la desgracia.

Pablo Vivanco Ordoñez

pablojvivanco@gmail.com

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