La representación del pueblo en la administración del Estado, a través de la democracia representativa por el voto popular, en muchos países de Latinoamérica, sigue siendo una democracia imperfecta, coludida en muchos casos con la corrupción y el narcotráfico transnacional… como sucede en nuestro país. Democracia que posee una legitimación forzada, carente de transparencia y solvencia democrática. Las palabras legitimidad y legitimación, cobran significados diferentes según los contextos y el uso que de las mismas realizan los filósofos, políticos y politólogos.
Para profundizar la discusión del significado y el contenido de la palabra legitimidad, citemos a Stuart Mill, él decía: […] “el significado de una palabra bien puede ser aquel que conlleva una común aceptación o aquel que el escritor o el orador intenta darle”. […] La palabra legitimidad en su versión más clásica y globalizadora, hace referencia a la política, como instrumento para generar esa democracia representativa de papel, como sucede en nuestro país.
Cabría perfectamente imaginar la posibilidad de que en nuestro país coexistan instituciones sin legitimación alguna, promoviendo la desinstitucionalización del Estado y generando alta inseguridad política y jurídica. No deja de ser relevante el hecho de que las repercusiones nocivas en la legitimidad democrática, se evidencian en instituciones claves de nuestra estructura política; esto es: la justicia, la legislación y el Consejo de Participación Ciudadana; para la gran mayoría estos sectores carecen de legitimación política y de identidad institucional, pues cada uno obedece a los intereses de los caudillos o caciques de turno.
El mismo Rousseau evidenció la contraposición entre democracia directa y democracia indirecta, entre democracia de la identidad y democracia representativa. Por tanto, siempre estuvo consciente de los problemas de la legitimidad democrática representativa, pues escribió: […] “Los ingleses se creen libres -escribió́ en El Contrato Social- porque eligen sus representantes. Se equivocan. Solo lo son en el momento de la elección. Después de ella no son nada”. […] Lo que equivaldría a indicar que en la democracia representativa la ley deja de ser expresión de voluntad general para convertirse en la pura expresión de la voluntad de los representantes. Siempre que el poder regresa al mandante, es la oportunidad de cambiar estos atavismos del pasado y construir una democracia auténtica; para que esto cambie en nuestro país les deseamos: …buen viento… y buena mar.
Lenin Paladines Salvador
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