La culpa es de la vaca

Culpar a los demás (aunque a veces la puedan tener) se ha convertido en toda una costumbre en nuestra sociedad, y pocas veces pensamos en que toda acción tiene su reacción, o todo efecto tiene su causa.

Así como en el libro de López y Bernal (2000), con tal de no aceptar nuestra culpa, le echamos la culpa hasta a un animal, y creemos que todo lo que pensamos o queremos es lo único que cuenta. El mundo real, es muy diferente del metro cuadrado en el que vivimos, y una muestra de humildad, es reconocer cuáles son nuestras falencias,  los errores que cometemos sobre todo respetar las opiniones ajenas (especialmente cuando son fundamentadas). Debemos dejar por ejemplo de echarle la culpa a los dispositivos tecnológicos o las redes sociales por la falta de atención de las personas que a veces nos rodean, alguien que no le interesa la compañía del otro, se distraerá con cualquier cosa, incluso aunque no tenga celular. Debemos dejar de echarle la culpa a nuestra edad, nuestro género, condición social, etc., para no intentar cumplir nuestras metas, aunque es verdad que la sociedad puede quitarnos oportunidades por ello, también es verdad que no son motivos para que no lo intentemos. No debemos culpar a la bala sino al asesino.

No hay mayor muestra de seguridad, que reconocer nuestras culpas lo cual no debe quedar solo en reconocimiento, sino también en acciones para mejorar.

Santiago Ochoa Moreno

santiago_ochoa_2008@hotmail.com

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