Cuando esta guerra pase no estaremos mejor

En efecto no hay guerra que deje secuelas redimibles, es la devastación, la aniquilación, el hundimiento de las economías, ciudades o “Civilizaciones” enteras, es el escenario apocalíptico de muerte y justicia, de cataclismo y salvación, pero ¿justicia y salvación de quién?

Los efectos de una guerra no son pasajeros, son años o décadas de intentos de resurgimiento, tiempos de transición entre beligerancia y paz que viene con constantes procesos de reorganización social, con aires de imposición externa y un recuerdo perdurable de olor a sangre y miseria.

Eso es la Guerra, un escenario donde nadie gana, talvez el sentimiento ególatra de quien se cree vencedor, y probablemente la satisfacción de una minoría mediocre que sigue ciegamente a al líder fatuo.

Y es que existe una regla exacta en todos los países, que mientras más limitada intelectualmente es una persona, más idealizado tiene a EEUU y lo peligroso es que a veces éstos nos gobiernan. Pero cuidado, que no solamente estamos hablando de las guerras infinitas de medio oriente, o las dilatadas beligerancias de Europa oriental.

Latinoamérica y sus gobiernos libertarios, hace rato quieren volcar a sus sociedades a escenarios similares. Desde quienes aplaudieron la invasión venezolana, hasta los que ruegan por una intervención Gringa a México, Colombia o Brasil.

Todo ¿porque?; porque en la moral judeocristiana ortodoxa existen algunos individuos que están por encima del bien y del mal, y tienen la autoridad para decidir quién gobierna y quien va preso, quien vive o quien muere; e infantilmente juegan a la guerra atentando con “Casus beli” a naciones hermanas, solo para ver qué pasa.

Pero comprendan el objetivo es uno solo, crear el escenario propicio para hacer de una vez por todas, la tan deseada purga social que tanto se busca el Fascismo tradicional.

Porque seamos honestos, en las guerras no pelean ni mueren los Patricios e Hidalgos que se creen españoles, sino los soldados, cabos, sargentos, pero sobre todo los chazos urbanos y rurales que aparecen siempre como daños colaterales. 

La gente de bien jamás, ellos están insultando en las calles, conduciendo carros de alta gama, discutiendo entre adultos sin importar la presencia de niños.

En fin, cuando todo esto pase, probablemente no habrá nada que gobernar y seremos una sociedad mas aberrante, más individualista y más violenta.

Jorge Ochoa Astudillo

jorge8astudillo@gmail.com

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