Pian pianito la función judicial en Ecuador está desprestigiada hasta tal punto que ya no es ejemplo de impartición de justicia sino de injusticia. Salvo raras excepciones los operadores jurídicos cumplen el rol asignado que es vigilar el cumplimiento o interpretar las normas del derecho para hacer valer el poder coercitivo, promotor o programático del Estado; en la mayoría de casos son manipulados por el poder corruptor enquistado cuál Hidra de Lerna, monstruo venenoso policéfalo, a quien le cortan una cabeza y le sale dos. Lo que decimos se puede observar claramente en los casos judiciales mediáticos donde están involucrados actores políticos de renombre, casos convertidos en sainetes jurídicos por ciertos medios de comunicación; en estos casos los jueces, abogados, fiscales, peritos, son ágiles, implacables, astutos, prima la «justicia rápida». En cambio, para los humildes, los pobres (v.g. el 90% de la población carcelaria pertenece a la clase baja) una justicia procrastinada, lenta. Law fare (guerra jurídica) para los que ostentan u ostentaron el poder y law aporophobic (derecho aporofóbico, ley de odio y miedo a la pobreza) para los más pobres, los marginados y todo ese tipo de gente desaparecida para esos medios de comunicación nacional. Ante esta lamentable realidad demos nuestro testimonio y más que hablar de justicia (el qué), actuemos con el quién, con el justo. ¿Quién es el justo? Justo es aquel cuyo corazón ya no le pertenece, sino a toda la humanidad. Justo es aquel que está dispuesto a asumir en su cuerpo todos los dolores, incluso el dolor de muerte por decir y hacer el bien. ¿Quieres ser justo? Pues sigue esta regla de oro: “en toda transacción, ponte en el lugar del otro con todo lo que sabes y, suponiéndote tan libre de necesidades como un ser humano pueda estarlo, decide si en su lugar aprobarías el intercambio o el contrato”.
Jorge Benítez Hurtado
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