Prepararse para los desastres naturales

La naturaleza se maneja por sus propias leyes, a veces impredecibles e inmanejables por el ser humano; otras veces previsibles y que pueden ser atenuadas, en la medida de la preparación que se haya realizado para contrarrestarlas. Nos referimos a los fenómenos naturales que, últimamente, han causado verdaderas tragedias en Venezuela y en nuestro país, en Zamora Chinchipe, con consecuencias fatales de muerte y destrucción.

En Venezuela, pasadas las ocho de la noche del 24 de junio, un doble terremoto de 7.2 y 7.5 en la escala de Ritcher, separados por 38 segundos, a 10Km de profundidad, en cuestión de cuatro minutos, destruyó la parte nororiental del país andino en zonas comprendidas entre la Guaira y Caracas, con cientos de edificios que se derrumbaron, sepultando en sus entrañas a miles de personas que, por el momento ya superan las 4 mil víctimas mortales. Conmueve hasta apretar el corazón, observar a miles de personas que, con la ayuda de rescatistas, remueven toneladas de escombros con la esperanza de, al comienzo, encontrar con vida a sus seres queridos, y, ahora, por lo menos rescatar sus cuerpos para darles cristiana sepultura. La solidaridad del mundo se ha hecho presente para paliar en algo las necesidades materiales y brindar un consuelo a su espíritu destrozado.

La madrugada del sábado 4 de julio, en nuestro país, se produjo un aluvión causado por el crecimiento del río Zamora, siendo la zona más afectada la parroquia Guadalupe y el poblado Santa Isabel que, prácticamente, ha desaparecido de la superficie. Lo más lamentable de este trágico suceso es la pérdida de, hasta el momento, 11 vidas humanas, quedando aún 9 desaparecidos, entre ellos la gobernadora y su equipo de trabajo que acudieron con ayuda ante el aluvión y, parece, que fueron absorbidos por el río; además 38 personas heridas. Y la destrucción de hermosos parajes que eran de gran atractivo turístico. La solidaridad nacional no se hizo esperar.

Estamos próximos a que el fenómeno del Niño comience su acción arrasadora que, según entendidos, será similar al que ocurrió en 1950. La pregunta que nos hacemos en Ecuador es si estamos preparados para resistir los desastres naturales que se avecinan, o deberemos sucumbir ante su furia incontrolable.

Darío Granda Astudillo

dargranda@gmail.com

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