Hora de reconstruir

La naturaleza es impredecible y, algunas veces, les engaña incluso a meteorólogos y afines sobre la predicción de las temporadas invernales, que, de manera recurrente, en nuestro país, nos castiga con los fenómenos del Niño y de la Niña, con consecuencias desastrosas por la destrucción de vías, caminos, pérdidas humanas, sembríos, viviendas colapsadas por deslaves, etc. Nada de esto se dijo para el 2025; y, desde enero hasta ahora, ha llovido sin cesar arrasando con todo cuanto ha podido, para ser catalogado como el invierno más devastador del presente siglo. El Gobierno y los Coes provinciales han respondido según sus posibilidades porque, simplemente, no estaban preparados para recibir semejante embate de la naturaleza. Las provincias de la Costa y Oriente, y varias de la Sierra, entre ellas Loja, son las más afectadas.

En nuestra provincia, los daños han sido cuantiosos en varios cantones, sobre todo en materia de vialidad.  Las sorpresivas inundaciones ocurridas los días 9 y 10 de marzo en nuestra ciudad cuando el río Malacatos se desbordó y se metió en varios sectores de la ciudad, causó temor y ocasionó severas pérdidas, como la destrucción del puente de la Imbabura que, como están las cosas, parece que durará una eternidad su reposición. Desde luego, otros puentes como el de la Argelia y de la Occidental de paso, también están muy afectados.

Las vías que van a la costa y al sur han sufrido graves deterioros, tornándose muy difícil su tránsito por esos sectores. Los organismos encargados de los trabajos no se dan abasto para cumplir con eficiencia. Por ejemplo, la vía que conduce a Malacatos y Vilcabamba tiene derrumbes y deslaves por todas partes, siendo los más preocupantes los daños del sector Dos puentes en donde el peligro acecha en cada momento. Lo de Nangora, en donde el material empezó a caer en forma de grandes rocas, se realizan permanentes labores para evacuar el material y realizar los trabajos técnicos, de manera que se logre estabilizar la ladera y se evite el desprendimiento de piedras y desechos que mantienen en zozobra a los conductores. Obvio, esto causa malestar a quienes viajan a estos centros turísticos, pero debemos comprender la situación.

Darío Granda Astudillo

dargranda@gmail.com

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