Las muertes de Vargas Llosa, el Papa Francisco y Pepe Mujica, tres latinoamericanos universales, privan al mundo de voces que abogaron por los consensos. Fueron líderes de la cultura, la religión y la política que demostraron con sus obras que deben destacarse las virtudes.
A través de sus libros, encíclicas y mensaje comunicaron las dificultades de las personas y también la esperanza para que, desde la solidaridad y la responsabilidad, los ciudadanos alcancen la justicia.
Tal vez hayan estado en orillas ideológicas distintas, pero encontraron comunión al promover el humanismo en el centro de los progresos tecnológicos y científicos. Fueron testigos de la revolución electrónica, del nacimiento de nuevos flujos de información y de la sociedad del conocimiento, desde allí pidieron cerrar las brechas de las desigualdades en torno a modelos democráticos donde se respeten los derechos humanos y los derechos de la naturaleza.
Muchos de sus escritos seguirán vigentes en décadas, en ellos entregan claves para interpretar un mundo que se avizora con inteligencia artificial, cambios geopolíticos, mayores emigraciones y nuevas concentraciones de riqueza. En esta era digital de abundantes redes con poca profundidad, se necesitan de guías generosos que enseñen a comprender el futuro. A partir esta perspectiva, los investigadores pueden analizar los textos de estos tres comunicadores innatos, identificar coincidencias y demostrar sus lecturas críticas.
Quienes tomen los legados de Vargas Llosa, Francisco y Mujica deben continuar anunciando en palabras sencillas cómo construir sobre el perdón, la pluralidad, la diversidad, la participación y la libertad de expresión.
Abel Suing
abelsuing@gmail.com