Hay que seguir la senda

Apreciado amigo, déjame que te diga con voz pausada y firme, con respeto y admiración, lo siguiente: desde la orilla hasta el horizonte, desde un minúsculo grano de arena hasta las profundidades de mar… hay una larga travesía; el poeta podría decir: “la vida es una estela de luces multicolores que, desnuda avanza en el ocaso del día… para alcanzar algún día su morada final”

Sin embargo, para la gran mayoría, para aquellos que hemos tenido que desbrozar la selva y obtener la madera, desgarrar una vestimenta y hacer la cuerda, para finalmente apilar los troncos y construir la barca; la vida es mucho más que una luz fulgurante en el ocaso del día, ella constituye, una larga travesía en el diario navegar; o, dicho con propiedad: es buscar la senda de nuestros padres, de nuestros maestros, de nuestros mentores y seguir la ruta trazada hasta el puerto final del deber cumplido.

Mientras que para unos -de muy poco esfuerzo material e intelectual- la vida es una simple herencia de poder y disfrutes banales, de cosechar… sin haber sembrado; o de triunfos… sin haber realizado el menor esfuerzo; aunque como dice Pancho Pueblo, esa es una vida vacía… como querer arroparme con la frialdad de la muerte.

Pero la gran mayoría, en la medida de nuestras posibilidades, ejecutamos con alegría una larga siembra de vida, inclusive, ayudando a sembrar a otros y mirar con felicidad el sagrado momento de la cosecha compartida. Sigamos la senda que nos han legado y hagamos también la siembra para algún disfrutar de la cosecha; para que esto suceda les deseamos: …buen viento …y buena mar.

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