La trampa de la mezquindad

Es una torpeza o la herencia de un sistema caduco. Se nos ha enseñado a observar con desprecio nuestra propia historia, prefiriendo el brillo prestado de modelos extranjeros. Sin embargo, cuando observamos el estancamiento de nuestras sociedades, la pregunta surge inevitable: ¿Somos torpes o simplemente nos han educado para la mezquindad?

La respuesta no reside en nuestra capacidad, sino en un sistema diseñado para la extracción y el clientelismo que ha fracturado nuestro tejido social. Mientras civilizaciones como la Valdivia (3500 a. C.) lograban una organización comunitaria basada en la reciprocidad y el avance técnico, el ciudadano actual ha sido empujado al cortoplacismo. Según analistas de la gestión pública, cuando el 80% de los presupuestos participativos se diluyen en obras de fachada sin impacto verdadero, el ciudadano abandona su rol de contralor y se convierte en un refugiado de la sobrevivencia individual.

Esta torpeza administrativa es, en realidad, un mecanismo de defensa ante un sistema donde el recurso es escaso y la desconfianza es el modelo a seguir. Eduardo Galeano, nos recuerda: «La historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás, por lo que fue, y contra lo que fue, anuncia lo que será». Si seguimos mirando hacia afuera, ignorando nuestras propias capacidades y la sabiduría de nuestros gestores milenarios, seguiremos atrapados en un bucle donde la ignorancia es el mejor aliado del poder.

En Loja y en el país, la mezquindad ha tomado fuerza, porque hemos olvidado el «nosotros». Un barrio que no presenta proyectos viables, que no exige una fiscalización rigurosa y que espera la dádiva, es un barrio que está condenando su propio futuro. No somos menos capaces; somos una sociedad desconectada de su propia grandeza.

Por lo tanto, es hora de recuperar nuestra soberanía intelectual y dejar de ser torpes, entendiendo que la democracia no se ejerce simplemente en una urna cada cuatro años, sino en la exigencia técnica diaria. Es hora de dejar de pedir favores y empezar a gestionar el desarrollo de nuestra historia —y que nuestra gente— se merece, no elijamos improvisados, ni agoreros de soluciones, ya tuvieron su oportunidad y no mostraron resultados.

Pablo Ortiz Muñoz

acuapablo1@hotmail.com

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