
Sabemos que los grandes logros se obtienen con base en un gran esfuerzo. Tal vez alguna ocasión se haya conseguido, moral o inmoralmente, algo de forma fácil. Pero si nos proponemos llevar una vida dentro de una cultura del esfuerzo, es necesario que hagamos un inventario de lo que tenemos para saber si nos alcanza para conseguir nuestro anhelo.
Porque no es suficiente que, en primer lugar, pongamos la vista en el punto al que queremos llegar: también es importante que ponderemos los esfuerzos, las herramientas, las capacidades, la información, los conocimientos, etc., que se necesitan para llegar a la cima de la montaña. Y, en caso de constatar que nos falta algún recurso, no debemos lanzarnos a la contienda creyendo que, ya en el camino, nos encontraremos con algún subsidio que lo sustituya. Debemos tener un gran entusiasmo por realizar nuestros propósitos, pero no debemos ser temerarios. Bien puede ocurrir que todo el esfuerzo que pongamos se vea frustrado porque nos faltaron los recursos y, más aún, que se convierta en una pérdida muy grande.
Leemos en el evangelio de Lc 14, 28-32, que cuando se quiera hacer una edificación, nos sentemos a calcular los gastos que vamos a tener, para estar seguros de que vamos a terminarla. No vaya a ocurrir que, habiendo hecho los primeros trabajos y colocados los cimientos, no pudiendo concluirla por falta de medios, los demás se nos burlen diciendo que empezamos algo y no sabemos terminarlo. Igualmente nos pregunta: “¿qué rey, antes de salir contra otro rey, no se sienta a deliberar si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz.”
Pues bien, hagamos el inventario antes de empezar a hacer el esfuerzo.
Carlos Enrique Correa Jaramillo
cecorrea4@gmail.com