Francisco: el Pastor que eligió caminar con su pueblo

El 21 de abril de 2025 no marca solo la muerte de un pontífice, sino la partida de un hombre que supo encarnar, con radical ternura, el Evangelio en tiempos de ruptura. Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco, no gobernó desde el trono de Pedro, sino desde la hondura de una fe encarnada, sencilla y profundamente humana. Fue, como se dijo de San Francisco de Asís, un hombre despojado, convencido de que el poder real está en el servicio, y que la dignidad no se impone: se abraza.

Desde su elección en 2013, transformó los modos y las formas de la Iglesia: renunció a los símbolos de la opulencia vaticana, prefirió vivir en la humildad de Santa Marta y fue un testigo de cercanía para quienes nunca se sintieron representados en las estructuras eclesiales. Su mirada estuvo siempre puesta en los márgenes: migrantes, víctimas de abusos, descartados del sistema, pueblos olvidados. Habló con la verdad a los poderosos y no le tembló la voz al denunciar una economía que mata o una Iglesia autorreferencial y distante.

En sus gestos, más que en sus documentos, dejó un legado de misericordia que interpela. Nos enseñó que la santidad no está en el perfeccionismo moral, sino en la coherencia con los pobres, la tierra y los otros. Y aunque muchos lo malinterpretaron o juzgaron, su fidelidad a una fe viva jamás se quebró.

Su partida nos deja un vacío, pero también una luz. Porque Francisco no muere: su testimonio ya habita en los que siguen creyendo que otro mundo es posible si se construye desde abajo, con ternura, justicia y verdad.

Y como él mismo dijo: “Recen por mí.” Ahora, lo hacemos en agradecimiento. Y rezaremos, para que el Espíritu Santo ilumine la elección de un sucesor digno de este Papa Bueno.

Álex Daniel Mora Arciniegas

alexmorarciniegas@gmail.com

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