Equidad social con libertad

En 1989, la humanidad asistió al derrocamiento de un muro, que no solo separaba a una ciudad, sino a dos sistemas económicos y políticos antagónicos. La caída del “Muro de Berlín” tiene un significado histórico trascendental; pues, bajo sus escombros quedó sepultado el “socialismo real”, instaurado por las masas leninistas en la Rusia de 1917, luego de su liberación de la oprobiosa monarquía zarista.

El “socialismo real” tuvo logros importantes en la satisfacción de las necesidades básicas de la población; sin embargo, su implosión demostró que esto no es suficiente. Por su naturaleza, el ser humano requiere libertad para pensar, discernir, expresar, emprender y transformar. No obstante, concluir que el capitalismo ha triunfado históricamente es una equivocación; pues, todavía nos falta derrocar otro muro: aquel que protege las condiciones que hacen posible que la riqueza se concentre en pocas manos.

Todavía la humanidad no ha logrado la equidad social, en un marco de democracia, respeto a los derechos de las personas y transformación de la estructura económica de los Estados. Está claro que las leyes de la oferta y la demanda no son suficientes para equilibrar un mercado que ha superado su etapa de libre competencia. También es verdad que el Estado debe jugar un papel importante en la economía; pero, que está condenado al fracaso si persiste en su carácter concentrador, obeso e ineficiente.

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