Durante las últimas décadas Ecuador, viene enfrentando una grave crisis agropecuaria, que sumergió la economía de sus tres regiones en una situación extremadamente difícil no solo para el campesino sino para todos los ciudadanos, y en especial golpeó con fuerza a las actividades dedicadas a la agricultura, a la ganadería, a la pequeña industria y la artesanía, entre otras. Esta crisis debe ser situada en un contexto amplio, más que el propiamente mercado regional y nacional, pues es consecuencia de la incipiente articulación del mercado internacional de productos agrarios, en el marco de la oferta y la demanda. Los cereales y productos ganaderos procedentes de otros países, han aprovechado nuestra crisis agraria e inundaron progresivamente los mercados nacionales para introducir y comercializar sus productos a precios bajos. El hombre del agro ha emigrado a las ciudades, por la baja producción y la caída de los precios de los productos agropecuarios, que no le permiten subsistir en sus lugares natales y pasaron a engrosar los cinturones de miseria. Ante esta crisis agropecuaria se puede observar campos desiertos cubiertos de maleza por la falta de apoyo del Gobierno Nacional, al sector rural que no les provee de asistencia técnica e insumos y tampoco ofrece facilidades a los agricultores para que puedan desempeñar sus actividades con éxito. Los técnicos están centralizados en las ciudades y manejan los programas desde el escritorio, cuando la realidad “in situ” es diferente. En cuanto a la ganadería Ecuador ha sufrido una gran reducción, especialmente los últimos 20 años, afectando al ganado bovino, lanar, y la casi extinción de la cabaña asnal y caballar. A pesar de todas estas reducciones y desajustes en el cultivo y producción, el Gobierno no ha vuelto los ojos al Agro, para impulsar la agricultura, la ganadería, la pequeña industria y la artesanía, lo que no permite que nuestro país, vaya a un despegue sostenido, razonable y técnico.