En el día antes del fin

Este año particularmente difícil expresó como nunca antes la crisis civilizatoria en que vive el mundo. Se ha convertido en una prueba ineludible de la urgente necesidad de transformación de la realidad que vivimos. Ninguno de los espacios, ni de las instituciones, ni de los grupos humanos, han quedado indemnes de la crítica condición actual.

Como estos son tiempos de revisión de lo vivido, creo que deben someterse a un cuidadoso examen de lo sucedido, todas las esferas sociales: desde la familia, hasta el Estado. Los abismos abiertos en el año pandémico, otorga también la ventaja de poder mirarlo todo con nuevos ojos y nuevas perspectivas.

Empezando por la familia y los espacios domésticos, quedó en evidencia la mayúscula necesidad de poner en la agenda pública lo que sucede en los hogares de los ecuatorianos. La violencia intra familiar es rampante, las condiciones para recibir educación no siempre son óptimos, y la gestión de las tensiones individuales no es correcta. De todo ello deviene la necesidad de resaltar la importancia de la salud mental, y tratarlos como problemas de salud pública, dado que viene convirtiéndose en grandes problemas para la humanidad.

Desde la visión macroestructural es necesario repensar la conveniencia de los estados de excepción, porque si bien son mecanismos útiles para enfrentar graves problemas coyunturales; esos mecanismos no pueden convertirse en la dominante forma de ejercer el gobierno.

Se corren serios peligros si se mantiene como único ese formato en que se limitan no solo el movimiento de la gente sino también las ideas de ellas mismo.

Pablo Vivanco Ordoñez

pablojvivanco@gmail.com