La política de identidad se define como el activismo colectivo basado en experiencias encarnadas de género, sexualidad, raza, etnia o nacionalidad. Si bien este tipo de activismo social y político ya existía con anterioridad al siglo XX, no es hasta 1970 cuando se acuña el término de “políticas de la identidad”, término que se difundió́ ampliamente en la década de 1980 como respuesta a la injusticia social, a los prejuicios generalizados e incluso a las agresiones que sufrían los miembros de determinados grupos minoritarios como los reseñó Heyes en su obra Identidad y Política.
A lo largo de la segunda mitad del siglo XX fueron apareciendo movimientos políticos a gran escala, principalmente: el feminismo de la segunda ola, la toma de los derechos civiles de los negros en Estados Unidos, la conquista de la libertad de homosexuales y lesbianas y los movimientos de los indios americanos, todos estos movimientos se basan en reivindicaciones sobre las injusticias cometidas contra determinados grupos sociales a lo largo de la historia. Estos movimientos sociales se apoyan en un cuerpo filosófico de literatura que se ocupa de cuestiones sobre la naturaleza, el origen y el futuro de las identidades que se defienden.
La política de identidad como modo de organización está íntimamente relacionada con la idea de que algunos grupos sociales están oprimidos; es decir, la identidad de una persona como mujer o como afroamericana, por ejemplo, la hace especialmente vulnerable al imperialismo cultural. Dice Young: […] “incluyendo la creación de estereotipos, la eliminación o la apropiación de la identidad de su grupo, la violencia, la explotación, la marginación o la impotencia.” […] No obstante en nuestro país, la política partidista se fue perdiendo conforme las organizaciones sociales empezaron a cambiar sus líderes por los caudillos y caciques. Desde el retorno a la democracia la identidad política se fue diluyendo en las brasas del populismo, y con él… las organizaciones políticas identitarias de nuestro país. Partidos tradicionales como el PSC, el Socialismo, la ID, el MPD; cayeron en el populismo de Abdalá, Alarcón, Gutiérrez, Correa y Noboa. El partido que mantenía una identidad propia y sus dirigentes continuaban los principios filosóficos y la lucha reinvindictoria del Movimiento Indígena como lo fue PK, sucumbió en las brasas ardientes de los corazones de Alianza País y con ellos su identidad política y su lucha libertaria; para que esto cambie les deseamos: …buen viento… y buena mar.
Lenin Paladines Salvador
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