Los planes de vacunación avanzan en toda la región latinoamericana, millones de dosis han sido inoculadas y cada vez los procesos son más organizados. Sin embargo, este escenario optimista nos recuerda que estamos lejos aún de una inmunización colectiva, viendo como la producción global de las vacunas no abastece las necesidades del mundo, y su adquisición justa y equitativa parece cada vez más difícil, especialmente para los países más pobres. La Organización Mundial de la Salud el pasado 4 de marzo realizó un llamado a las potencias y farmacéuticas a encontrar caminos para fomentar una mayor producción y disponibilidad. Muchos países se han unido a este llamado para democratizar la producción y acceso a las vacunas contra el Covid-19, organismos regionales como Celac considera que la inmunización colectiva debería constituirse en un “bien público global” y también considera que existe una especie de proteccionismo por parte de las súper potencias.
La guerra diplomática por las vacunas contra el covid-19 se intensifica, cuando países como EE.UU. ha asegurado para su población una dotación mayor de las que necesita, ha ofrecido compartir parte de su excedente y la comunidad internacional ha solicitado a ese gobierno que transfiera ese sobrante a la iniciativa mundial COVAX para permitir un acceso justo, equitativo, solidario, oportuno, transparente y universal a las vacunas.
El gobierno entrante ha demostrado en pocos días su capacidad organizativa, y con ese entusiasmo esperamos y auguramos éxitos para que el Ecuador mediante su gestión diplomática pueda ser parte de los países más beneficiados con la asignación de las vacunas en la búsqueda de todos por la reactivación del país.
Santiago Pérez Samaniego
Twitter: @santiagojperezs