Mirar hacia atrás y hacia afuera

Han pasado cerca de dos años del gran estallido social que cubrió de manifestaciones el continente: desde Haití (por cierto, del que nadie gusta hablar) hasta la Chile prometeica, hoy ad portas de la redacción histórica de la Constitución que reemplace a la de la dictadura. La mayoría de ellas trajo consigo respuestas transformadoras, como el caso chileno, y otras, devinieron en negociaciones fallidas, malabares diplomáticos, y papeles sobre papeles para quedar, a la vuelta de tantos muertos, en lo mismo.

Mirar hacia atrás siempre es necesario para advertir que lo fraguado tendrá su forma, o para saber que el progreso no siempre viene con lo prometido. Mirar solamente hacia adelante provoca chocar de frente con lo mismo de antes; por eso, la memoria de lo sucedido ayuda a mirar lo que puede suceder.

Otra necesidad para leer la realidad y la política, es dar un paso hacia afuera, y otro más hacia adentro. Es decir, nos leemos mirando la vecindad regional que nos circunda, y las existencias locales, pequeñas que van componiendo lo que nos constituye.

En esos afanes de mirar hacia atrás y hacia afuera, es que podemos señalar como el rumbo equivocado la senda del neoliberalismo ciego, encerrado en las Corporaciones y las Cámaras, intentando hacer del gobierno una gran gerencia, y del pueblo sus trabajadores.

Para la memoria, los datos, y también las fotos que no pueden desteñirse: Bolsonaro en el balcón de Carondelet, Piñera su amigo cercano, y Duque el primer visitado.

Ahorrémonos muertos, sangre, y desvaríos. 

Pablo Vivanco Ordoñez

pablojvivanco@gmail.com