Democracia verdadera

La democracia es el único sistema político viable. Así lo ha demostrado la historia, pero hay que tener cuidado a la hora de definirla. Su etimología es importante (poder del pueblo), pero no suficiente. No olvidemos que este concepto nace en la sociedad esclavista de la antigua Grecia y que los regímenes del socialismo real (socialismo marxista), hasta antes de su implosión y desaparición, se reconocían como “democracias populares”.

La construcción de las ideas democráticas tomó mucho tiempo, pero fueron los filósofos de la Ilustración francesa quienes mejor teorizaron sobre la democracia; y los independentistas norteamericanos quienes, por primera vez, la aplicaron en el proceso de creación de los EE. UU.

Un aspecto sustancial de la democracia es el reconocimiento de que el soberano de un Estado es el pueblo y que este designa a sus representantes en las urnas; es decir, por medio de elecciones libres. Esta primera fase se denomina “democracia participativa” y, conforme el pueblo influye directamente en la toma decisiones de sus autoridades, da paso a lo que se llama la “democracia participativa”.

¿Son suficientes las elecciones para considerar a una democracia como verdadera? La respuesta es no. También se requiere de una estructura institucional con “frenos y contrapesos”, para impedir que el poder se concentre en regímenes totalitarios, que, por medio de redes mafiosas, conculcan los derechos del pueblo al que dicen representar.

Gustavo Ortiz Hidalgo

gortizhidalgo@yahoo.com

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