Del miedo y la soledad de Guillermo Lasso

Más de un año ha pasado desde que Lasso ganó la presidencia. Al principio parecía el inicio de un gobierno clásico de derechas, con liberación del mercado, créditos de por vida, tratos con el FMI, condonación de impuestos o restricción de derechos laborales. Además de eso, el gobierno de Lasso ha estado marcado por la incompetencia. Hizo alianzas y promesas al correísmo, PSC, Pachakutik, colectivos ecologistas, feministas, lgbtiq y les falló a todos. Su única aliada en la Asamblea fue expulsada.

Cada vez que intentó lanzar o vetar una ley, esta fue, acertadamente, bloqueada por parte de la Asamblea e incluso por parte de la Corte Constitucional (con pocas excepciones). En su última expresión de ineptitud, Lasso lanza un decreto de Estado de Excepción en donde faculta el uso de fuerza letal y la restricción del derecho a la libertad de información, lo firma, solo para minutos más tarde decir que era solo un borrador de decreto.    

Es claro que Lasso nunca estuvo en capacidad de gobernar un país y ahora sufre de una enfermedad terminal para un gobernante, padece de una soledad crónica. No tiene amigos en ningún lugar, no tiene apoyo popular, no tiene mayoría en la asamblea, no tiene asesores que lo puedan salvar. El gobierno está entrando en modo de supervivencia y se está llenando de miedo. Es ahí cuando se vuelve extremadamente peligroso. Con el borrador del Estado de Excepción se pueden evidenciar las verdaderas intenciones del gobierno.

Inmediatamente después de que el Estado de Excepción entró en efecto, asambleístas ya estaban redactando la solicitud de revocatoria de ese decreto. Bien haría Lasso en entender que gobernar solo con policías y militares no es democracia, hay una palabra para ese tipo de gobierno.  

Alex Samaniego

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