Debate superficial

El formato planteado en el debate presidencial del actual balotaje entre Andrés Arauz y Guillermo Lasso, sin duda no ayudó a desarrollar las ideas centrales de sus propuestas programáticas. Y es que difícilmente en un tiempo tan reducido como el que tuvieron los candidatos, podrían haber respondido las múltiples interrogantes planteadas a través de los cinco ejes temáticos previstos. Por ejemplo, en una sola pregunta se incluyó temas de economía y empleo; de salud, seguridad social y vacunación y desnutrición infantil; de democracia e institucionalidad estatal, participación ciudadana y transparencia; de educación y tecnología; y, de relaciones internacionales, movilidad humana y desarrollo sostenible.

Por eso mismo, este espacio no pasó del análisis general, superfluo. Estuvo ausente, en uno y otro lado, la explicación no solamente del qué hacer sino, sobre todo, del cómo hacerlo. Sin duda, se debió -quizá- dividir el encuentro en dos o tres episodios a fin de tener el suficiente tiempo para ahondar en explicaciones y mediante réplicas y contra réplicas precisar ideas y, desde luego, desnudar también falencias y contradicciones de quienes aspiran a llegar al Palacio de Carondelet.

Ciertamente, no tuvimos la oportunidad de escuchar de boca de los candidatos cómo mejorarán la economía, reducirán la pobreza y generarán condiciones para un empleo adecuado en la población. Más bien se destinó el tiempo para entrar en mutuas descalificaciones, aunque coincidiendo en las críticas al gobierno del presidente Lenín Moreno que registra una desaprobación popular del 90,7%.

El debate, en definitiva, no aportó con ese insumo informativo tan necesario para que la población aún indecisa defina su voto de forma reflexiva. Entonces, primará la decisión de carácter emocional en un país profundamente dividido en lo político.

Giovanni Carrión Cevallos

@giovannicarrion

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