De dónde percata mea

Corromper es oler mal, perdón, era oler mal, hoy es perfume sensual atractivo que seduce, inquieta al más valiente de los salvadores y a algunitos los devora cual ave carroñera. No lo digo porque he escuchado, no.  Cada día amanecen nuevos pelucones para remplazar a los que amanecieron ayer y hoy gozan de Don dinero en tierras que les aceptan con ese mal olor.

Alguien dirá, no son pelucones, son delincuentes con corbata, perseguidos políticos, ganadores de loterías, acordantes entre privados.  Llámeles como usted quiera, si son sacristanes, de dónde percata mea. El dicho dice de la sacristía. Posiblemente nos demos cuenta que sale de nuestros bolsillos.

¿No hay leyes? Sí, pero también hay Habeas Corpus y ellos no van a la cárcel.  ¿Y la asamblea que dicta leyes?  Bueno a igual que ciertos jueces están en la tarea de destruir lo poco que queda y que el gobierno se vuelva fallido.

La corrupción es un modo de vida en este “Mundo loco, loco” y hasta aceptado porque si no es en esta, ya no hay otra.

Pedir nuevas leyes contra la corrupción. ¿A quién?

Que no se permita candidatos a dignidades de elección popular a quienes han tenido un juicio penal o no puedan justificar que sus bienes y los de su familia son bien habidos.

¿Estoy pidiendo peras al olmo?   “La voz de Dios, aunque ya no queda sino solo su eco, no quiere paralizaciones, bloqueos, quiere seguridad, salud, trabajo.

Busquemos a conciencia un peral para con derecho pedirle peras.

Jaime Vinicio Meneses Aguirre

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *