Es relevante y digno de reconocimiento cómo la academia lojana y ecuatoriana ha venido preocupándose, en los últimos años, por un área que antes no recibía la atención necesaria: la nutrición. Esta disciplina es fundamental para los seres humanos, pues constituye un medio clave para mejorar la calidad de vida e, incluso, prolongarla. Comprender lo que comemos y cómo impacta en nuestra salud ya no es un lujo, sino una necesidad.
Resulta admirable observar cómo muchos jóvenes acceden a estas nuevas carreras profesionales, con la convicción de que su trabajo contribuirá a transformar la salud nutricional del Ecuador. Detrás de cada nutricionista hay años de estudio, una formación científica rigurosa y prácticas profesionales realizadas en instituciones de salud del país, lo que garantiza un ejercicio responsable y ético de la profesión.
Sin embargo, es penoso constatar cómo proliferan en redes sociales los llamados “seudo nutricionistas” o health coaches, personas sin formación académica reconocida que juegan irresponsablemente con la salud de la población. Dietas milagro, restricciones extremas o consejos sin sustento científico no son inofensivos: pueden provocar desnutrición, trastornos alimentarios, agravamiento de enfermedades crónicas y una mayor carga para el ya tensionado sistema de salud pública.
La salud nutricional no puede quedar en manos de la improvisación ni del espectáculo digital. Promover el respeto a la ciencia, a la razón, a la academia y a los profesionales formados es una tarea colectiva. Porque cuando se trata de salud, y especialmente de nutrición, no se juega.
Víctor Antonio Peláez
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