Entre la lluvia de mensajes que, diariamente, llegan a través de las redes sociales, leí uno que me gustó y mucho: “Tenemos que ser felices, no sabemos cuánto tiempo nos queda”. Obvio, es un mensaje para todos los seres vivos, porque la muerte no escoge, simplemente coge; sin embargo, por razones lógicas, cuando la vida llega a su ocaso…a la senectud, por obligación se tiene que morir. Quienes están en edades tempranas aún ven lejano ese crucial momento, aunque, a diario, observamos cómo personas llenas de lozanía, por su edad, se van para no volver…las razones son múltiples: accidentes, enfermedades, infartos, etc.
Por eso tenemos que ser felices, porque no sabemos cuánto tiempo nos queda. Este mensaje nos llega a quienes nos hemos acogido a los beneficios de la jubilación y estamos en la tercera edad. Sin embargo, mientras haya vida, hay muchas razones para seguir siendo felices, y darle sentido al tiempo que, generosamente, nos venga desde arriba. Desde esa perspectiva, existen múltiples actividades para distraer el lapso que aún nos quede. Varias personas, luego de jubiladas, siguen desempeñándose en el marco de su profesión, sobre todo de libre ejercicio; otras, en campos diferentes. Lo importante es tomar al último periodo vivencial como un espacio para cambiar de actividad.
Por eso valoramos, sobremanera, la presencia en el país, y específicamente en Loja, del Centro de Atención al Adulto Mayor (CAAM) del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social que, desde hace algunos años, se ha constituido en el segundo hogar para muchas personas que asistimos a sus diferentes locales en donde, en primer lugar, se evidencia un trabajo responsable por parte de quienes los presiden, ofreciendo cada vez más y mejores servicios recreativos (sin exigencia académica alguna), en donde sus alumnos asistimos para pasar bonito con nuevas amistades y dedicándonos a actividades que son de nuestra atracción como aprender a tocar la guitarra, el piano, la danza, integrar el coro, la pintura, actividades manuales, terapias, etc., con docentes que saben de su profesión. A menudo se realizan exposiciones de trabajos y presentaciones artísticas, con generosos aplausos.
Bien por el CAAM, por sus directivos y docentes; y, obviamente, por quienes disfrutamos de sus bondades.
Darío Granda Astudillo
dargranda@gmail.com