Clamar en el desierto

El ajetreo político previo a una elección constituye un poderoso catalizador para el ingenio de los candidatos. Hay un bombardeo permanente de sesudas propuestas y para cualquier elector el cielo parece estar cada día más cerca de la tierra. El espinoso problema del financiamiento, sin embargo, parece ser inmune a esa fiebre de creatividad que asola las tiendas políticas. Cuando se habla de dinero se vuelve a la circunspección y a la ortodoxia. Con un grave índice liberal se señala que hay que ahorrar, se habla de reingeniería, de mejoramiento de procesos, de recaudaciones implacables, de alianzas público privadas, de soluciones orientadas a esa eficiencia mercantil que siempre tiene un costo humano. En todos estos gastados vericuetos se olvida un factor esencial, acaso el único que puede ayudar a Loja a salir del estado de desolación en que se encuentra, y ciertamente el que necesita de mayor esfuerzo colaborativo de todas las autoridades que ejercen la representación de la ciudad y de la provincia. El lector ya habrá adivinado que me refiero a la lucha permanente por la justicia distributiva del erario nacional. Entre los muchos pretextos que se usan para escamotear los dineros públicos a nuestra pobre provincia tiene mayor antigüedad en que menciona que todas las circunscripciones territoriales del país deberían ser capaces de generar sus propios ingresos y que es sólo la abulia la que impide que surjan por doquier ricos municipios pródigos en obras magníficas para sus ciudadanos. La verdad es que los municipios son ricos en la medida en que los fondos estatales se lo permiten y que los cantones con mayor peso político y electoral tienen siempre amplia ventaja. Debemos ser la voz que clama en el desierto centralista, necesitamos levantar la cabeza y reclamar lo que por justicia histórica nos corresponde.

Carlos García Torres

cegarcia65@gmail.com

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