No tan rápido.
Si un estudiante respondiera eso en un examen de estadística, la calificación sería clara: cero. Si lo afirma un político, hay dos opciones igual de preocupantes: no entiende el dato o sabe que lo está forzando.
En los últimos días, varios medios titularon que “la pobreza bajó” como si fuera un hecho concluyente. Según el boletín de diciembre de 2025, la pobreza por ingresos nacional se ubicó en 21,4%, frente al 28,0% de diciembre de 2024. La pobreza urbana alcanzó el 13,8%, la rural el 37,6% y la pobreza extrema nacional el 8,3%, frente al 12,7% del año anterior.
Hasta aquí, los números parecen “buenos”. Pero en estadística, los números no hablan solos. El mismo boletín aclara, con pruebas al 95% de confianza, que la caída de la pobreza nacional no es estadísticamente significativa. Dicho de forma simple: el indicador observado es menor, pero la evidencia no es suficiente para afirmar que la pobreza “bajó” con rigor técnico.
A esto se suma un punto clave que muchos omiten: el cambio de metodología impide comparaciones históricas directas. No se puede construir un relato triunfalista cuando las bases de medición no son plenamente comparables. La lección es clara, los políticos deben saber interpretar resultados y la ciudadanía debe contrastar la información. Porque una cosa es informar y otra muy distinta es vender certezas donde solo hay intervalos de confianza.
Santiago Ochoa Moreno
wsochoa@utpl.edu.ec