Aunque sea sin aplausos

Al inicio de la pandemia, vimos como en todo el mundo se intentaba contener el virus, pese a eso, algunos pensaban que era imposible que llegara a nuestro país y peor aún a nuestra ciudad, pero llegó, y esto pasó hace un año exactamente.

Mientras muchos se enteraban con asombro de la llegada del Covid-19 a nuestra ciudad, la templanza, coraje y compromiso, empezaba a relucir en el personal de salud; donde médicos, enfermeras, administrativos, auxiliares, personal de limpieza, conductores y todos quienes conforman las diferentes casas de salud, se unían en un solo puño, bajo la consigna de salvar vidas, dejando atrás el temor, ansiedad y horror que en esos momentos se respiraban por los pasillos.

A un año de este evento, hemos ido olvidando a los héroes; nos empezamos a preocupar del número de contagiados y no de quienes le están haciendo frente a esta batalla. Atrás quedaron los reconocimientos, serenatas, donaciones o aplausos que agradecían con ese gesto simbólico y universal la labor de los sanitarios. Olvidamos que son humanos, que están cansados y se sienten vulnerables; aun así, siguen enfrentan diariamente ese virus silencioso que nos ha quitado familiares, amigos, vecinos o conocidos.   

Ahora estamos viendo uno de los logros más significativos en la salud pública: aunque escasa, la vacunación del personal de salud nos da una pequeña luz de esperanza; pero falta que se los remunere como corresponde o se les dé la estabilidad laboral que todos se merecen. Ahora mismo son el pilar, pero después de esta crisis su trabajo seguirá siendo importante, aunque sea sin aplausos.

Andrés Sigcho O.

andres_575@hotmail.com

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