Casi siete años después del terremoto que afectó a Manabí, otro movimiento telúrico impacta a la costa ecuatoriana, esta vez cerca de Loja, en la región sur.
Hay una integración económica y política natural entre las provincias de Loja y El Oro, además de la administración zonal que se ejecuta desde hace más de una década, por ello, el sismo ocurrido implica consecuencias directas para los habitantes de esta parte del país.
Muchas familias lojanas tienen parientes que trabajan en Machala, Pasaje o El Guabo, también hay flujos de jóvenes que se trasladan para estudiar o hacer su formación práctica de forma cotidiana, así esta catástrofe supone retos y oportunidades para impulsar un desarrollo humano más sostenible.
Irán apareciendo más necesidades, en todos los campos, derivadas de las afectaciones, que exigirán respuestas para evitar mayores desgracias; entonces se requerirán apoyos sistemáticos y gestiones honestas para que no pase igual que en 2016, cuando los fondos y mecanismos de compensación quedaron entrampados por una burocracia indolente.
¿Cómo edificar, circular, mantener rutas turísticas y culturales? Serán parte de las interrogantes que emergerán en los siguientes días, cuyas contestaciones deben ser insumos para efectivos planes de intervención.
También quedarán preguntas en el campo de la comunicación, particularmente relacionadas con la forma de transmitir noticias y videos sobre la base de la verificación.
Señalar a los vecinos de la costa no supone dejar de lado a los hermanos de Cuenca, igual se debe actuar con ellos, pero las secuelas y la proximidad son más cercanas con la costa.
Nuevamente, hay retos, que serán superados sobre la base de la solidaridad, la confianza y la comunicación efectiva.
Abel Suing
abelsuing@gmail.com