La trampa para el subdesarrollo y la mediocridad 

América Latina no sufre un retraso económico; afronta una patología estructural. Mientras el mundo transita hacia la economía del conocimiento, nuestra región permanece estancada en una inercia que combina instituciones extractivas con una cultura ciudadana de baja exigencia y alta ignorancia. Los datos son irrefutables; según la CEPAL, la productividad total de los factores (concepto económico que mide la eficiencia de un país para producir bienes y servicios empleando los mismos recursos) en la región es en la actualidad inferior a la de 1960. Sesenta y seis años de «desarrollo» han dado como resultado un estancamiento relativo frente al resto del mundo.

El subdesarrollo no es un accidente, es una construcción social. Daron Acemoglu sugiere que la persistencia de instituciones mediocres se debe a una élite política que diseña reglas para capturar rentas, no para generar riqueza. Sin embargo, esta ecuación se completa con una sociedad civil que el politólogo Francis Fukuyama describe como carente de «confianza social». El electorado latinoamericano, muchas veces sino la mayoría se mueve por el mesianismo y el populismo, validando cíclicamente líderes que priorizan el gasto clientelar sobre la inversión en capital humano.

Las estadísticas de la OCDE muestran que la inversión en Investigación y Desarrollo (I+D) en la región apenas alcanza un promedio de 0.6% del PIB, frente al 2.5% de los países del primer mundo. Esta brecha tecnológica nos ha condenado a ser exportadores de materias primas, desde que nos independizamos, este modelo sigue siendo el mismo, pasamos del caucho y el salitre, al petróleo y la soja, sin agregar valor.

El problema mayor, es el «voto torpe» frente al «voto pensado». Un estudio del BID indica que la ineficiencia del gasto público en la región representa hasta el 4.4% del PIB, dinero que se diluye en corrupción y burocracia ineficiente. Si no rompemos el círculo de la inmediatez irracional y se exige reformas estructurales profundas en educación y justicia, el futuro será incierto. El subdesarrollo en última instancia es un estado mental que se demuestra en las urnas. La pregunta no es cuándo saldremos, sino cuándo dejaremos de elegir la mediocridad.

Pablo Ortiz Muñoz

acuapablo1@hotmail.com

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