El deterioro de nuestras carreteras ya no sorprende a nadie y es la única obra que avanza…, pero al deterioro. Es un viejo problema que nos indigna y nadie hace nada por resolverlo. Las vías que nos conectan con las demás provincias del país – y entre nuestros propios cantones- se resquebrajan, se hunden, se deslavan, y finalmente desaparecen… Igualito a las promesas de campaña.
En este escenario, no hace falta un catastro técnico para entender que nuestra provincia está, una vez más, en una situación de aislamiento. No por lluvias torrenciales ni cataclismos, sino por algo más perverso e injusto: LA INDIFERENCIA.
Loja- todo el mundo lo sabe- ha sido históricamente relegada. Y, sin embargo, sigue y seguirá siendo – a pesar de tanta indolencia- el motor de la cultura del Ecuador, la capital de la música, el refugio de la palabra, la ciudad que piensa, canta, crea ciencia y derrama amor al prójimo. Pero mientras eso ocurre en el plano simbólico, en el plano físico nos hundimos – literalmente-en lodo. No hay carretera que no esté colapsada, dañada y abandonada, lo que está impidiendo el comercio, frenando el turismo y castigando la productividad. Y, aun así, nos piden paciencia.
Frente a tan grave situación – dejando de lado la sonoriza electoral-, lo que se necesita ahora es decisión, inversión y creatividad. Las autoridades deben unirse y actuar ya, con un enfoque técnico y sobre todo equitativo.
No se trata de pedir favores, sino de exigir justicia. Justicia para una provincia que ha aportado con talento, historia y dignidad, mucho más de lo que ha recibido.
Eso nada más. Aunque, conociendo el panorama, no me sorprendería que este artículo termine con el mismo destino que nuestras carreteras: ignorado…
Jaime Guzmán R.
jaimeantonio07@hotmail.es