El poder politiquero ejercido los últimos veinte años ha dejado malas lecciones y se han fortalecido los atavismos que debimos superar el siglo XX; no obstante, no ha sido suficiente que estos pervivan, sino que son la semilla de copias descoloridas de los locuaces seguidores. Todo esto producto de una mala actitud de los “dirigentes”, capataces, lugartenientes que se han sucedido en el poder. La consecuencia de todo esto es: democracia de papel; desinstitucionalización del Estado; implementación de un narco Estado; y, consolidación de un Estado fallido. Dice Lord Byron: […] “Apenas son suficientes mil años para formar un Estado; pero puede bastar una hora para reducirlo a polvo.” […] Lamentablemente las horas siguen pasando y el país se desangran sin tener una ruta de cambio sostenible.
La clase política partidista confundió los conceptos y roles del liderazgo con el caudillismo, el personalismo. El líder tiene la ambición de fundar un verdadero régimen político, de realizar una obra trascendente. Sin embargo, el líder no puede triunfar solo; ningún líder puede liderar de forma aislada. Aislar al líder es quitarle su condición de guía e inspirador. Es decir, todo liderazgo depende de una red de coidearios o ciudadanos convencidos de los objetivos planteados.
Cuando estos conceptos se desvanecen y el supuesto líder se convierte en un caudillo personalista; los objetivos y las metas pierden su propósito y el fin para el cual fueron diseñados. El poder ejercido mediante la pura utilización de la fuerza no es liderazgo, sino coacción y/o violencia ejercida por el personalismo de quien ostenta el mandato popular, traicionando así la voluntad ciudadana; y no puede justificarse a largo plazo, pues los pueblos entienden que el poder se encarnó en un caudillo que ejerce el poder de manera personalísima, imponiendo sus caprichos y los intereses de un grupo de arribistas que siguen fielmente el libreto de su amo.
Es tan fuerte este sistema personalista de gobernar que hemos escuchado en estos días decir: “si estás en contra de Luisa… estás en contra mío”. Hay que terminar con el ejercicio del poder personalista y los rezagos que aún quedan de este pasaje oprobioso de nuestra historia; para que esto termine y volvamos a vivir una auténtica democracia les deseamos: …buen viento …y buena mar.
Lenin Paladines Salvador
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