La conectividad rural es un factor relevante para el progreso equitativo de América Latina y el Caribe. Y aunque universalizar el acceso a las tecnologías no garantiza su utilización plena, se espera que la ampliación de la cobertura de la Internet más la formación en habilidades digitales deriven en un salto cualitativo hacia un progreso ecuánime.
Hoy que la Internet es una condición determinante para que los ciudadanos dispongan de los servicios públicos esenciales, es importante mejorar la alfabetización mediática para que la digitalización sea una oportunidad de desarrollo, en consonancia con las metas fijadas por las Naciones Unidas en los ODS.
Quien no tiene acceso a la red global tampoco lo tiene a derechos y a servicios, de este argumento deriva la urgencia de recalificar a la población económicamente activa porque significa oportunidades de empleo. En otro orden, fortalecer la participación de los ciudadanos en la construcción de una amplia opinión pública implica atender a la diversidad rural, así como constituir competencias informacionales, particularmente en las mujeres y jóvenes.
Resulta alarmante que 72 millones de habitantes de América Latina y el Caribe no accedan a una buena conectividad rural, según el SELA. Se identifican brechas digitales según edad, género, condición socioeconómica, lengua materna y ubicación geográfica, entre el campo y las ciudades. Estos datos confirman el hecho de que la pobreza es más fuerte en las áreas no urbanas.
Un propósito inmediato de los estados y organismos supranacionales es superar las dificultades porque se conocen los beneficios potenciales de la información para la libertad de expresión, la gobernabilidad y el crecimiento; y para lograr términos de intercambio objetivos en las emergentes economías del conocimiento.
Abel Suing
arsuing@utpl.edu.ec