Cuarenta días y cuarenta noches en medio del desierto de la ignorancia y de las tentaciones, el bufón convence a sacrificadas damitas y damitos, padrastros y madrastras de esta patria adormecida por el queminportismo de sus hijos. Comiéndose las uñas, wiski escocés, el santo les salió de espaldas entregándonos sus ideas claras llenas de invenciones y con el torcido derecho de los golpistas, anunciaron el delirio del regreso.
¿Quién paga esas largas horas de torturas medioevales, de lágrimas de dolor sobre la patria vulnerable?
En estas tierras del todo se puede, la cuenta va al erario nacional.¿Cuánto? Simple multiplicación. Diez y siete mil dólares cuesta al mes cada equipo de titular, secretaria, consejeros espirituales y carnales, choferes, agnados y cognados, multiplicado por los que quieren “recuperar la patria”, volver al “antes estábamos mejor” porque había de donde coger y recoger.
El país impotente sin hijos que la defiendan, deja rugir sus volcanes y un humo agónico bota de sus entrañas.
Los iluminados se dan cuenta a último segundo que “traición a la patria” no cuadra y desesperadamente borran con saliva del “mamotreto” del informe. “Se bajan de la camioneta” cholos, troyanos y hasta los chulíos. Se inventan un plan B, un C, un X,Y,Z y si no resultara ninguno de ellos, quedan las calles.
¡Qué pena Patria Ecuatoriana!
¡Despertemos! No para volvernos a dormir sino para reclamar nuestros derechos y el de nuestros hijos.
Jaime Vinicio Meneses Aguirre