¿Y el civismo?

Aún recuerdo materias escolares como cívica en la que se nos inculcaba un comportamiento de amor al país, de respeto a nuestros cohabitantes, que estábamos obligados a cumplir con los deberes de un ciudadano, a respetar las leyes, en fin a tratar a los demás con respeto y no afectar sus derechos.

Hoy, no tenemos ese conocimiento básico, las niñas, niños y adolescentes jamás comprendieron el civismo ni lo tienen como norte en sus vidas, por ello, el Estado es considerado como el padre que debe darles todo sin pedir nada a cambio.  Los adultos de hoy, piensan que el Estado debe satisfacer su derecho a la educación, pero si no estudia, no pasa nada ni debe nada, piensan que pueden reclamar su derecho a la salud, pero si no se cuida en la alimentación o si adquiere vicios que dañen su salud, no se le debe reclamar nada.

Con estos dos pequeños ejemplos, deseo clarificar la importancia de entender el civismo como el comportamiento humano de cumplir sus deberes como ciudadano, no solamente exigir derechos, sino también debe cumplir obligaciones.

Si nuestra convivencia fuera pegada al civismo tuviéramos un lugar de trabajo ameno, un vecindario amigable, una ciudad respetable y un país con un correcto funcionamiento, con líderes políticos que no tomen a la función pública como una inversión o modo de vida, en la que se “mete aguja para sacar barreta”. Nuestros mandatarios deben proclamar y promover una sociedad agradable en toda su acepción y recordar su condición de servidor público, es decir, servir a la sociedad, no servirse de su función a título personal y a costa de la sociedad.

Manuel Salinas Ordóñez

masalord@hotmail.com