El tiempo no pasa en vano y como lo más constante en la vida es el cambio, Santo Domingo de
Ichubamba no ha sido la excepción.

Era muy temprano cuando salimos desde Sangolquí, por la ventana aprovechamos el camino
para apreciar el bello paisaje en medio del cielo despejado. De repente, estábamos en un lugar
desconocido para nosotras, pero muy bonito, donde el aire era puro, los pájaros cantaban, los
niños jugaban y donde la felicidad se sentía en el aire.
En el centro de Santo Domingo de Ichubamba, Pintag nos encontramos con don Héctor,
oriundo de esta parroquia rural ubicada en las afueras de Quito quien junto a Gloria y Amaru
nos llevaron en un recorrido lleno de contrastes. Entre lo viejo y lo nuevo, lo tradicional y lo
moderno, los espíritus, las energías y las distintas leyendas que recorrieron el pueblo. Desde
las voces más experimentadas hasta las de los más pequeños.
El tiempo no pasa en vano y como lo más constante en la vida es el cambio, Santo Domingo de
Ichubamba no ha sido la excepción. Con Héctor y Gloria logramos apreciar el pasado, donde
varios relatos nacen, donde se crean distintas conexiones con el más allá, y donde las leyendas
ancestrales están más vivas que nunca. Y con Amaru, el más pequeño nos demuestra el
presente y futuro, donde las barreras entre este lugar que en algún momento fue muy alejado
y la ciudad, son cada vez menos claras. La modernidad llegó y consigo, un cambio en la forma
de ver la vida para las nuevas generaciones que difieren mucho de las pasadas como
podremos ver en estas páginas.
Durante un breve paseo por el parque central con don Héctor, con 74 años, compartió detalles
sobre su vida. Siendo el mayor de cinco hermanos, completó sus estudios hasta la primaria. Ha
residido en el área rural de la ciudad de Quito durante toda su vida, lo que ha limitado sus
oportunidades debido al entorno campesino. También nos relató una experiencia de su
infancia, cuando tenía que caminar 40 minutos por terrenos baldíos hasta llegar a un barrio
cercano donde se encontraba su escuela. Ese trayecto semanal lo realizaba en compañía de su
amigo Puga y durante el recorrido pasaban por una casa donde Puga afirmaba que vivía un
duende.

Él nos cuenta
“Siempre que pasábamos él le llevaba un atadito de chapo y le gritaba: papá duende, ya te
traje comidita. Sal. Yo me quedaba aun lado esperando a que él le deje la comida sobre el borde, la primera vez me parecía tonto, pero cuando regresamos el plato estaba vacío y no
estaba amarrado como él había dejado”.
Lo que más nos llama la atención de la conversación es el entusiasmo con el que transmite su
relato. Todas habíamos escuchado sobre los duendes, en los cuentos de hadas o películas de
ficción. Sin embargo, a lo largo de la historia nos adentramos en un desenlace que no nos
esperábamos. ¿Quién se comía ese chapo? ¿Una persona que pasaba por ahí todos los días tal
vez?

Don Héctor nos dice
“No sabía, pero el Puga estaba seguro que era su papá duende. Hasta que un día él no sólo le
dejó el plato. Le gritó como siempre: papa duende, ya te traje el chapito, sal a comer, papa
duende. No sé en qué pensaba, pero quiso entrar a la casa, fue tan insistente que a mí ya me
dio miedo. El duende salió, por un momento me quedé paralizado era pequeño y tenía
arrugas. Hasta que empezamos a correr”.
El duende es un personaje significativo en las narrativas ancestrales de Ecuador, ya que posee
características peculiares. Cuando éramos pequeños nuestros abuelos nos contaban que los
duendes se dedicaban a asustar a niños. Personas como Don Héctor y su amigo Puga lo han
visto, fue una experiencia que marcó su infancia. Puede ser solo un personaje de mitos y
leyendas en el presente, pero personas como Don Héctor y los abuelos hacen que recordemos
nuestras costumbres a través antiguos relatos.
Culminando el corto recorrido que nos regaló don Héctor con su amena conversación y
vivencias, nos encontramos con doña Gloria. Ella nos espera cerca de su casa, nos invita a
pasar dentro de su cálido hogar, que está rodeado de la suavidad de la naturaleza, muchos
árboles que dan frescura al ambiente y los animales completan el entorno familiar.
Gloria creció junto a muchos hermanos, nos cuenta que son 13 hijos y que era muy normal
que sus vecinos al igual que ella pueda compartir con bastantes hermanos.
A sus 64 años, nos ilustra que cuando ella era joven en su comunidad creían en la existencia de
los malos espíritus, y que para combatir con la maldad de estos rezaban, la religión ha sido
muy importante en su vida gracias al ejemplo de sus padres. Nos cuenta que:
“El barrio es católico, mi madrecita y mi papito eran muy devotos de la Santísima Virgen.”
Su forma de narrarnos cómo había sido su crianza nos cautivó. De hecho, nos contó algunas
anécdotas familiares en las cuales han tenido experiencias cercanas paranormales y con
figuras de la divinidad católica, nos compartió una historia interesante: “Una vez mi papito
soñó que la Santísima Virgen le decía en su sueño que tenía algo para él y que solo él podía
reclamar. Le contó a mi madre, pero ella le dijo que no haga nada, creo que era más para
cuidarlo porque ya eran mayores. Nunca me voy a olvidar de eso, yo
ya estaba casada cuando pasó esto”.

En su vida doña Gloria ha presenciado la devoción hacia su Dios y actividades de comunidad en
la iglesia. Las tradiciones antiguas de curación, la medicina ancestral, también han estado
presentes, por ejemplo: la práctica de fumar con la finalidad de que los espíritus malos no se
acerquen.
Mientras hablábamos con Gloria llegaron sus hijos y nietos de visita, lo que nos permitió
ampliar nuestro reportaje, pudimos preguntar a uno de sus nietos, Amaru, sobre la
perspectiva que tenía de la ruralidad y como la había vivido. Nos comentó que había vivido
hasta los 12 años con Doña Gloria, pero habían tenido que mudarse por temas del trabajo de
sus papás y sus estudios. Nos cuenta que cuando era pequeño siempre le asustaba pasar por
el río de regreso a casa porque Doña Gloria, su abuela siempre le contaba cosas sobre los
malos espíritus y le inculcó sus valores religiosos. Nos comenta que Doña Gloria siempre le
contaba historias sobre espíritus y acontecimientos familiares sobre cosas paranormales, pero
él nunca ha presenciado algo así “pienso que es algo que está en tu mente, la mente es muy
poderosa”.
Ahora él vive en la ciudad, recalcando que es un gran cambio. Lo consigue todo caminando
unas cuadras en vez de realizar el largo trayecto para llegar a la parroquia. Aun así, él
menciona que se puede apreciar un cambio en el barrio, pues él recordaba pocas tiendas
pequeñas que las personas montaban en sus casas, pero estas se han expandido. Ahora son
tiendas más grandes por el tema del crecimiento de la población y las nuevas tecnologías.
Él dice “siento que ahora se están poniendo al día con el resto de lugares”. Así terminamos
nuestro recorrido en Santo Domingo de Ichubamba, nos despedimos de Don Héctor, Gloria, y
Amaru que nos despidieron con una grande sonrisa para que volvamos pronto a conocer más
sobre ellos.

Después de procesar todo lo que vivimos pudimos entender la importancia de estos relatos
que más que mitos o leyendas, fueron vivencias de generaciones pasadas. Expresados en
forma de criaturas místicas como los duendes, de manera tenebrosa con los espíritus y las
energías, o a través de la religión con distintas divinidades como la Virgen María. Son cosas
que han pasado generación a generación dentro de la familia de Héctor, como en muchas
otras de esta parroquia rural. Los más pequeños ya no creen en estas cosas, ya no viven la
ruralidad como sus mayores, ya no crearán estas vivencias alejadas de la actualidad.
Las tradiciones, vivencias, costumbres, y valores son parte de una comunidad y son
transmitidas de generación en generación. Sin embargo, hoy en día, la innovación y la
tecnología, como pudimos observar en nuestro recorrido por el pequeño pero vivido barrio,
representan un desafío en la propagación de estas costumbres, porque sus prácticas se
vuelven poco comunes y de forma lenta van desapareciendo. Esta pérdida de costumbres es
una problemática importante, porque de manera frecuente, se está dejando de lado la
importancia de la riqueza de nuestra cultura y entorno. La modernidad ya llegó a Santo
Domingo de Ichubamba y con esto, cada vez habrá más carreteras, más tecnología, mayor
conectividad y transporte, pero así mismo, habrá menos juegos entre los pequeños, menos
nuevos relatos y menos transmisión de cultura pasada.
PARA SABER
La globalización ha permitido que la modernidad se inserte en las formas de vida de la
ruralidad. La población ha podido acceder a nueva información y tecnologías, lo cual ha
cambiado su estilo de vida. Lo más común para los jóvenes hoy en día ha sido olvidarse de sus
raíces, llegando a un punto donde la pérdida de las tradiciones culturales como la transmisión
de relatos o mitos es ya algo normal.
CLAVE
Integrantes: Salomé Aguilar, Cylene Bravo, Nina Cadena, Doménica Guaña, Emily Moncayo.
Docente: Cristian Bravo Gallardo.