Violencia y política

La concepción clásica de la violencia está asociada directamente al uso de la fuerza para dominar o imponer algo.  Sin embargo, la violencia también se manifiesta desde otros ángulos y características que tienen que ver con la cultura y la estructura en un determinado Estado o sociedad, puede ser interpretada como una actitud o comportamiento que constituye una violación o una privación del ser humano de una cosa que le es esencial, esta concepción se relaciona directamente con la integridad física, psíquica, moral, necesidades básicas insatisfechas y elementos culturales que legitiman la violencia desde el tejido social.

Johan Galtung uno de los investigadores de la paz más importantes del mundo, describe a la violencia directa como “la punta del iceberg” que se asienta sobre la violencia estructural y cultural que se hacen necesarias para su supervivencia, según su teoría del triángulo de la violencia. La violencia estructural se manifiesta en factores como la desigualdad y la explotación desde la estructura (estatales, privadas, etc.) y la violencia cultural, está relacionada a los ámbitos simbólicos de nuestra existencia (materializados  la religión o ideología, prejuicios y estereotipos, lengua y arte, ciencias empíricas y ciencias formales, etc.) que pueden utilizarse para justificar o legitimar la violencia directa o estructural desde un argumento más sutil. 

En el caso de la política hemos visto actitudes y comportamientos propios de la violencia desde estas perspectivas: directa, cultural y estructural; cuando en realidad como muchos autores señalan, este síndrome triangular de la violencia debería transformarse en un triángulo virtuoso de la paz manifestándose con comportamientos positivos, actitudes simbióticas, equitativas, de cooperación y respeto desde las estructuras y actores de la sociedad.

Santiago Pérez Samaniego

Twitter: santiagojperezs

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