Los jóvenes que en la actualidad tienen entre 20 y 30 años, en 2060 serán quienes conformen la población de adultos mayores en Ecuador. Un futuro que está a la vuelta de la esquina, donde tendremos que enfrentar el “ser viejo o vieja” en una sociedad que rinde culto a la juventud y rehúye al envejecimiento. Desde esta perspectiva, el envejecer aparentemente iría en contra de la “felicidad”.
Cambiar este tipo de paradigmas es urgente y por ello la necesidad de superar la discriminación a partir de acciones y legislaciones concretas que apunten a trabajar a favor de los derechos de los adultos mayores como actores sociales, involucrándolos en un ambiente donde sus últimos años los vivan de manera activa, participando y poco a poco empoderándose de su nuevo rol en la sociedad.
Cabe preguntarse entonces, ¿cómo cumplir estos derechos de los adultos mayores y cómo aprovechar su conocimiento y experiencia? En Ecuador existe un grupo de adultos mayores que todavía pueden generar recursos, además de aportar a la economía familiar. En este grupo entran los profesionales jubilados: médicos, abogados, investigadores, docentes… de quienes su conocimiento y experiencia no se aprovecha y tampoco se ha cuantificado qué representa en términos económicos para el país. El aporte de los jubilados o retirados por ahora no tiene espacio y es una deuda pendiente del Estado el emprender proyectos de reinserción laboral para este grupo que en su mayoría destina los ingresos de su jubilación en medicina de calidad o beneficios que ciertas empresas e instituciones aún se reúsan a cumplir.
Devolver a nuestros adultos mayores lo que hicieron por nosotros, es el reto al que todos debemos sumarnos en agradecimiento a su esfuerzo, con miras a un futuro no muy lejano por el que todos vamos a pasar.
Andrés Sigcho
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