Una oportunidad de ser mejores humanos

Abril se abre paso con la cadencia solemne de la Semana Mayor, tiempo en que las ciudades se transforman en escenarios vivos de memoria, arte y tradición. Las calles se llenan de procesiones, los templos resguardan el eco de antiguas liturgias, y la gastronomía convoca a la mesa como un acto de identidad compartida. Todo ello dinamiza el turismo y reafirma el valor cultural de nuestras prácticas; sin embargo, reducir estos días a su dimensión festiva sería desconocer la profundidad de su mensaje.

Más allá del color y la concurrencia, esta semana nos invita a detenernos un momento. La figura de Jesús, tan celebrada en el Domingo de Ramos, nos confronta con la paradoja humana, respecto a la facilidad con la que se exalta y, casi sin transición, se condena. Aquel que fue seguido, escuchado y acogido, terminó siendo traicionado, juzgado injustamente y herido por las mismas manos que alguna vez recibieron su ayuda. En esa tensión se revela una verdad incómoda, cada persona es un universo complejo, atravesado por contradicciones, fragilidades y decisiones que no siempre honran la bondad recibida.

Como advertía Dostoievski, “el hombre es un misterio”, y comprenderlo exige una mirada compasiva. La Semana Santa, entonces, no solo rememora un sacrificio, sino que nos exhorta a practicar la empatía en un mundo que con frecuencia olvida el valor del otro. Viktor Frankl, desde su experiencia extrema, sostuvo que incluso en el sufrimiento más profundo subsiste la posibilidad de encontrar sentido. Y en esa línea, la escena de Cristo en la cruz —“Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”— no es solo un grito de dolor, sino una expresión radical de humanidad.

Todos, en algún momento, habitamos ese borde de la incertidumbre. Pero la lección persiste, el camino no es fácil, la fe vacila, la esperanza se pone a prueba; aun así, la persistencia y convicción abren horizontes. Que esta Semana Santa sea una oportunidad para mirarnos con mayor profundidad, reconocer nuestras sombras y ejercer la compasión como un acto de redención.

Lucía Margarita Figueroa Robles

luma.figueroaro@gmail.com

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